martes, 6 de septiembre de 2016

Batalla de Zierickzee

En 1575, Felipe II, cansado de la pérdida de dinero que le estaba ocasionando el conflicto de Flandes, tomó cartas  en el asunto y decidió inciar unas conversaciones de paz con los rebeldes protestantes. Felipe II aceptaba la retirada de tropas de Flandes pero se negaba a aceptar que los rebeldes no se conviertieran al catolicismo. He aquí el motivo de la ruptura de estas negociaciones de paz y el antecedente de la Batalla de Zierickzee: la materia religiosa.


De pasar a buscar la paz, Felipe II ordenó a Requesens (gobernador de Flandes) que lanzara una ofensiva contra la provincia de Zelanda, al contar con puertos estratégicos que llegaran a ser necesarios para llevar suministros en barco. Luis de Requesens optó por tomar el puerto de Zierickzee, en la isla de Schowen.
 
 
Esto se convertiría en una nueva prueba para los temibles tercios españoles, ya que desde 1572 los holandeses habían defendido Zierickzee con valor y valentía, además de la construcción de nuevas fortificaciones.
 
 
En el asalto al principal fortín de la isla, Bommenze, donde los tercios fueron encabezados por el maestre de campo Sancho Dávila, se cuenta que un mosquetero de apellido Toledo soltó su mosquete y desvainando su espada y cogiendo una rodela se lanzó desde las murallas entre la masa enemiga. Sus compañeros al ver su hazaña en directo no dudaron en unirse a él de inmediato. El fortín cayó en las manos de españoles tras una contienda de seis horas.


Con la toma del fortínde Bommenze, los holandeses presos del miedo tuvieron que romper los diques y anegar la zona. Esta estrategia no hizo que los españoles se achantaran y siguieron bloqueando la ciudad. Aquí aparece Guillermo de Orange que intentó romper el bloqueo y suministrar víveres a los sitiados, pero sin éxtio.  La guarnición al ver que no recibía ayuda del exterior perdieron toda esperanza y se rindieron. Para salir con vida tuvieron que pagar 200.000 florines a los españoles.
 
Fuentes:
 
Tercios de España: La infantería legendario. Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca.

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