viernes, 24 de febrero de 2017

Presentación de don Juan de Austria al emperador Carlos V, en Yuste



Este soberbio cuadro representa el momento en que el adolescente Juan de Austria, hijo natural del viudo emperador Carlos V y Bárbara Blomberg, es conducido a presencia de su ya anciano y enfermo padre en su retiro del Monasterio de Yuste, donde se recluyó tras abdicar a la corona en favor de su legítimo heredero, Felipe II. Éste reconoció a su hermanastro, que se revelaría más tarde como gran estratega al frente de la flota española en la batalla de Lepanto. Su identidad fue mantenida durante muchos años en secreto, y en sus últimos años, el emperador ideó distintas excusas para verle con frecuencia, ocultando su verdadera condición. Junto a un gran ventanal y ante una chimenea está sentado Carlos V, prácticamente inválido por sus ataques de gota, por lo que lleva cubiertas sus piernas con una manta y las reposa sobre un cojín y una alfombra, acompañado de su perro mastín y dos frailes jerónimos del Monasterio. En el extremo opuesto de la sala, y ante los nobles de su corte, el joven y tímido Jeromín, como se le llamaba familiarmente, vestido de intenso azul, es presentado por su tutor don Luis de Quijada a su padre, cuya imponente presencia intimida al muchacho, ignorante de su íntimo y regio parentesco.

Además de la extraordinaria riqueza plástica de su técnica, de toque breve y empastado, aplicado a grandes manchas sin desatender la justeza de su dibujo riguroso y un recio sentido del volumen en el modelado de las figuras, el cuadro causó gran novedad en su tiempo precisamente por su formato, absolutamente inusual hasta entonces en la pintura histórica, sin disminuir por ello su rotunda monumentalidad ni la gravedad trascendente que la escena exigía. Así, Rosales sitúa con gran habilidad a los personajes que asisten a la audiencia en el espacio interior de la estancia, espléndidamente sugerida a través del tratamiento atmosférico de la luz y una pincelada suelta y enérgica.

Fuente: Texto extractado de Díez, J. L. en: El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 216-218).

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1 comentario:

  1. Conocí Cuacos de Yuste y posteriormente el Convento palacio en el cual debajo del altar de la iglesia, se puede aún ver el féretro de medio cuerpo oculto.
    Se dice que lo mandó construir así, por temor a la oscuridad de la tumba.
    De igual manera, tambien no se cumplió plenamente su deseo, al ser trasladado al Escorial.

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